Autor: Natividad Lupiáñez Corpas (Universidad Autónoma de Madrid)
Este artículo corresponde al premio a la mejor presentación oral de la II Congreso Nacional / IV Congreso de Investigadores en Educación: Promoviendo la Interdisciplinariedad En junio de 2019 la Universidad de Granada (UGR) fue invitada aquí.
… Y la oveja amansó al pastor
Como han demostrado series como Bones, tanto los huesos como los dientes contienen una gran cantidad de información que, con el conocimiento y la metodología necesarios, puede ser revelada. En el caso de la fauna, la arqueozoología es la disciplina encargada de estudiar los restos recuperados en los lugares y las relaciones humanas con la vida silvestre en el pasado.
Gracias al correcto examen de los restos de los huesos de fauna, podemos determinar la especie, sexo, edad, tamaño … y no solo información sobre el animal, sino también sobre las poblaciones humanas asociadas a él.
¿Pero solo nos ofrecen esto? Otra fuente de información que nos ocultan huesos y dientes que no podemos ver a simple vista y que obtenemos mediante técnicas de biología molecular es el ADN.
El ADN obtenido de muestras biológicas que no se han guardado específicamente para futuros análisis genéticos, y derivado de muestras que murieron hace décadas (e incluso cientos o miles de años), se conoce como ADN antiguo (ADN). Es aquello que se ha extraído de material arqueológico o histórico como fragmentos óseos, tejidos momificados o sedimentos. En los más de treinta años que se han realizado los estudios de ADNa, el valor de la genética como herramienta complementaria a la historia y la arqueología para responder preguntas del pasado ha sido más que probado.
En este contexto, mi tesis se enmarca en el examen de los movimientos estacionales de los rebaños y su relación con la Neolitización de zonas de alta montaña a partir del uso integrado de estudios arqueozoológicos tradicionales y nuevas técnicas genómicas.
La concentración sobre los restos de la fauna se recuperó en la Cova de Els Trocs (Huesca) en el Pirineo a una altitud de más de 1500 m, ya que las muestras se encuentran en buen estado de conservación debido a las condiciones y la cobertura cronológica de una secuencia Esperamos poder utilizar nuestros conocimientos sobre la llegada de las primeras ovejas y el papel del ganado durante el siglo VI a. C. Hasta principios del tercer milenio antes de Cristo BC puede ampliar la neolitización de la Península Ibérica gracias a la comparación e integración de los resultados de ambos enfoques disciplinares. El análisis del genoma de la oveja antigua proporciona información sobre cómo ha evolucionado como resultado del proceso de selección artificial. Asimismo, se esperan importantes implicaciones en los programas de selección genética actuales que promueven la sostenibilidad al ser capaces de reconocer marcadores o genes asociados a rasgos funcionales, como la capacidad de adaptación al entorno de los animales, que pueden incluirse en nuevos objetivos de selección.


