En mi lugar de trabajo está el Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de GranadaEnseño español a extranjeros, pero también literatura o arte (en inglés).
Las últimas semanas del curso son sin duda mis favoritas. Durante este tiempo, los estudiantes preparan y presentan sus proyectos finales de una manera más creativa y motivadora en base a los conocimientos adquiridos durante el semestre. Se coordinan, se motivan y enriquecen el trabajo de los demás. Además, refuerzan el conocimiento a través de su propia exposición o la de sus compañeros.
Empecemos con la clase de arte en el Centro de Lenguas Modernas
Una de las tareas de este año fue investigar las llamadas “Obras maestras de la historia” y compilar una lista de las diez mejores para ellas. Como era una opinión subjetiva, tuvieron que defender el orden de esta lista. El trabajo podría presentarse como un documento de PowerPoint o, por ejemplo, en una infografía basada en los principios del pensamiento visual. Junto a esta lista, se creó otra con las diez peores obras de arte, utilizando el mismo criterio que en la actividad anterior. Entre las razones que encontraron hubo algunas fuertes, como la crítica a la objetivación de la mujer en el arte o el pequeño papel que desempeñó la mujer en su historia.
También nos mostraron ejemplos de arte urbano en la ciudad y los compararon con las obras más tradicionales. De esta forma realizamos una especie de “búsqueda del tesoro” juntos y se fueron a buscar monumentos con la única pista que les proporcionaba una foto que les había dado de antemano. Este proyecto era necesariamente un proyecto grupal ya que quería que disfrutaran de la experiencia en compañía de sus otros compañeros.
Por otro lado, no debe faltar un diario de artista. En esta actividad, normalmente ves quién te gustó más porque es más personal. Este año nos mostraron varias entradas de los diarios de Goya y Velázquez (¡con un borrador de algunas de sus famosas obras y todo!).
Y los memes tampoco suelen faltar. Nos reímos mucho y son una señal de que entendieron y absorbieron el contenido porque supieron simplificarlo en una frase divertida y que el resto de la clase entendió (y se rió).
Pasemos a la literatura
Durante el año en este campo trabajé con varios proyectos de storytelling digital transmedia y por primera vez nada salió mal. Los alumnos fueron motivados por el primero (sobre el ‘Lazarillo de Tormes’) a través del cual recrearon el currículum del Lazarillo. Mejoraron con el segundo, “La Casa de Bernarda Alba”: prepararon la revista del pueblo y añadieron el WhatsApp de las hermanas (en el que se “desahogan” a su manera) o la necrológica de Adela. Terminaron la obra y le dieron un final diferente, más acorde con nuestro tiempo.
Y uno de los alumnos preparó la escena final de Don Quijote en un video que fue creado, filmado y protagonizado por ella. Fue hermoso, emotivo y divertido al mismo tiempo.
Y terminemos en el idioma
En la clase de lengua (nivel B 1.1) del Centro de Lenguas Modernas realizamos actividades a lo largo del curso académico: canciones que resumen la vida de la clase, cartas al juez Emilio Calatayud, haikus (un tipo de poesía japonesa) con temas, compartidos por todos, o una entrevista con la cantante Rosalía, entre otros. Incluso vino ‘ella misma’ para contarnos sobre su trabajo y próximos proyectos, y crearon un perfil de Facebook de la clase donde compartieron sus experiencias durante el semestre.
Entre otras cosas, mostraron un día en el que varios grupos se juntaron para ver la película ‘Campeones’ o en la que comimos churros. Uno de los estudiantes incluso creó una cuenta de Instagram para mostrar las diferencias culturales entre su país y España a través de una colección de fotos personales. Y fue uno de los últimos trabajos escritos que en unos años los estudiantes tuvieron que mostrar una visión de sí mismos o cómo esa experiencia cambió sus vidas. En general, los textos suelen ser muy personales y totalmente abiertos a las emociones.


